Durante décadas, el código de barras ha sido una pieza esencial del comercio. Sin embargo, este sistema empieza a mostrar sus límites en un entorno en el que la información lo es todo.
Según recoge El telégrafovarios supermercados han comenzado a probar una alternativa basada en códigos QR más avanzados que podrían ir ocupando su lugar en los próximos años.
Concentra más información sobre el producto, como la fecha de caducidad, el origen o los alérgenos.que tanto la tienda como el propio consumidor pueden consultar al escanear el código.
El código de barras, que nació en los años 70 y revolucionó el mercado, funciona de manera simple, en el que cada producto tiene un identificador único que el sistema interpreta para acceder a una base de datos.
Pero el problema es precisamente ese: que toda la información relevante está fuera del producto. Es decir, el código en sí no contiene datos útiles más allá de ese número.
Esto limita su capacidad para adaptarse a las necesidades actuales como la trazabilidad detallada, el control de caducidades o la transparencia hacia el consumidor.
La alternativa al código de barras son los códigos QR
La solución pasa por los llamados códigos 2D, especialmente los códigos QR basados en el estándar GS1. A diferencia del sistema tradicional, estos pueden almacenar una gran cantidad de información directamente en el propio producto.
Según explica Camilla Young, responsable del programa de la próxima generación de códigos de barras en GS1 UK, esta tecnología representa una evolución natural del sistema actual.
Y es que el código deja de ser un simple enlace a una base de datos y se convierte en una fuente de información mucho más rica y flexible.
Esto permite incluir datos como la fecha de caducidad, el número de lote, el origen o incluso enlaces a información ampliada accesible desde el móvil.
Qué cambia dentro del supermercado
El impacto más inmediato se produce en la operativa interna. Con estos nuevos códigos, los supermercados pueden gestionar de forma mucho más precisa el ciclo de vida de cada producto.
Por ejemplo, es posible automatizar descuentos en artículos próximos a caducar o evitar que productos fuera de fecha lleguen a la caja. También mejora la capacidad de reacción ante la retirada de productos o ante incidencias en la cadena de suministro.
En la práctica, esto se traduce en una gestión más eficiente y en una reducción del desperdicio alimentario, uno de los grandes retos del sector.
Para el cliente, el cambio también es significativo, pues el producto deja de ser una etiqueta cerrada y pasa a ser una fuente de información accesible.
Con un simple escaneo desde el móvil, puedes consultar ingredientes, alérgenos, valores nutricionales o las instrucciones de uso. Incluso es posible acceder a alertas o información adicional actualizada en tiempo real.
Esta capa de información aporta transparencia y permite tomar decisiones de compra más informadas, sin depender únicamente del etiquetado físico.
Un cambio global que ya tiene fecha en el horizonte
Esta transición no es un experimento aislado; forma parte de una estrategia global impulsada por la organización GS1 para estandarizar el uso de códigos 2D en el comercio.
El objetivo es que, hacia 2027, los sistemas de caja de los supermercados en todo el mundo sean capaces de leer estos nuevos códigos de forma generalizada.
Algunas cadenas, como Tesco, ya han comenzado a probarlos en productos concretos, especialmente en categorías como los frescos o la marca propia.
El cambio que se plantea no consiste simplemente en sustituir un código por otro. Lo que está en juego es el papel del propio etiquetado en el ecosistema comercial.
Cabe destacar que el código QR busca dar un paso más, que es conectar el producto, la tienda y el consumidor en un sistema de información mucho más completo.
