
Adentrarse en un chat con una IA puede terminar siendo una experiencia tan plana como monótona si se utiliza por defecto, interactuando con un recepcionista robótico sin ningún atisbo de personalidad. Sin embargo, existe una forma de romper esa monotonía y hacer que cada interacción se sienta adaptada a nuestras necesidades. Para ello es recomendable cómo cambiar la personalidad de ChatGPT para obtener respuestas más originales como primer paso para dejar de recibir textos genéricos y empezar a colaborar con un asistente que hable nuestro propio idioma.
Ajustes de tono y estilo para un resultado personalizado
Muchos usuarios escriben una pregunta rápida y se conforman con el resultado estándar de ChatGPT. No obstante, es posible ajustar la herramienta para que responda exactamente como el usuario prefiere, modificando el tono y el estilo para que encajen con su forma de trabajar. Si queremos que la máquina deje de ser tan formal, podemos pedirle que adopte un papel específico. Por ejemplo, en lugar de un resumen aburrido, podemos solicitar que nos explique un tema como si fuera un periodista de investigación o un profesor de primaria.
Este ajuste no sólo hace que la lectura sea más agradable, sino que mejora bastante la experiencia de uso general. Esta estrategia es ideal para transformar un simple bot en un redactor que entiende nuestro ritmo. Al asignar un rol, la IA usa un vocabulario distinto y prioriza detalles que suelen pasar desapercibidos en una respuesta común. De este modo, el contenido generado tiene una estructura mucho más rica y menos previsible para el lector final.
Instrucciones personalizadas y contexto directo
Para no repetir estas órdenes, se pueden configurar instrucciones permanentes. Esto permite que el sistema recuerde siempre quiénes somos. Podemos indicarle que sea breve o que evite términos técnicos. De esta forma, la personalidad ya estará definida al abrir cada chat y nos ahorraremos tiempo en configuraciones previas.
Es curioso observar cómo la herramienta percibe el trato que recibe del usuario. Esto demuestra que la claridad al dirigirnos a ella influye en la calidad del resultado. Proporcionar un contexto sobre nuestra profesión o el objetivo del texto ayuda a que las respuestas sean mucho más precisas. Al final, la inteligencia artificial es un espejo de nuestras propias instrucciones y, cuanto más creativas sean estas, más original será el contenido obtenido en cada consulta que realizamos a diario.
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