Muchos pasajeros compran un vuelo para sentarse junto a la ventanilla, pero una vez que abordan descubren que no hay nada. Lejos de ser un error de diseño, esta curiosa situación es el resultado de una decisión comercial y estructural tomada por las aerolíneas.
El secreto está en cómo se fabrican los aviones y cómo las aerolíneas los adaptan. Los fabricantes fijan las ventanas en posiciones estándar, pero dejen el interior vacío para que cada compañía lo configure a su manera y es aquí donde empieza el desajuste.
Lo que para ti puede ser una simple molestia, para las aerolíneas es una oportunidad, puesto que mover filas y reducir el espacio entre asientos puede traducirse en decenas de pasajeros más por vuelo. La vista por la ventanilla, al final, se sacrifica a favor del negocio.
Cómo se fabrica realmente un avión
El motivo está en cómo se fabrica y se configura un avión comercial. Los grandes fabricantes, como Boeing o Airbus, construyen el fuselaje —la estructura exterior del avión— con las ventanas distribuidas a intervalos fijos.
Pero cuando la aeronave llega a las manos de una secadora, el interior está completamente vacío: sin asientos, sin alfombra y sin separación entre clases. Es la compañía aérea la que decide cómo organizar el espacio interior.
A partir de aquí, cada empresa adapta el avión a su estrategia, donde algunas priorizan la comodidad del pasajero, mientras que otras reduce el espacio entre filas para ganar más capacidad. El resultado es que las ventanas dejan de coincidir con las filas de asientos.
En la práctica, esto significa que dos aviones del mismo modelo pueden ofrecer experiencias totalmente distintas. Un Boeing 787, por ejemplo, puede ofrecer ventanillas alineadas en un tobogán y un “muro” frente al pasajero en otra. No depende del fabricante, sino de cómo cada compañía decide aprovechar el espacio.
Las aerolíneas ajustan el espacio
Los asientos se montan sobre rieles metálicos, lo que permite desplazarlos con facilidad, basta con unos tornillos y una llave especial para mover una fila hacia adelante o atrás. Esa flexibilidad es lo que permite adaptar la cabina a distintas necesidades.
Cada centímetro cuenta, por lo que incluir una fila adicional en un avión de medio alcance puede suponer entre seis y doce pasajeros más por vuelo. Multiplica eso por cientos de rutas al año y entenderás por qué las aerolíneas ajustan el espacio al milímetro, aunque eso signifique que algunos asientos “de ventana” no tengan ventana.
Si prestas atención al suelo la próxima vez que viajes, verás los rieles que hacen posible este ajuste. Esto significa que el interior de un avión no es fijo, sino que se adaptarse constantemente a la estrategia comercial de cada compañíapor lo que los fabricantes no son los culpables.
El negocio de las aerolíneas.
La paradoja es que muchas aerolíneas cobran un suplemento por elegir asiento, incluso si es un “asiento de ventana” sin ventana. Algunos pasajeros ya han presentado quejas —y hasta demandas— en Estados Unidos por no haber sido informados.
Afortunadamente, existen herramientas para evitarlo. Por ejemplo, sitios como SeatGuru permiten ver el mapa real de asientos de cada vuelo, indicando cuáles tienen vista y cuáles no. Consultarlo antes de pagar puede ahorrarte una sorpresa desagradable y, de paso, unos euros mal invertidos.
Al final, la falta de ventana no es casual, es el reflejo de un modelo de negocio donde cada asiento cuenta. La prioridad ya no es la experiencia visual, sino el aprovechamiento del espacio y la optimización del beneficio por vuelo.
Las aerolíneas han transformado el interior de los aviones para maximizar su rentabilidad. Esa búsqueda de eficiencia no solo afecta a la posición de las ventanas, sino también a la comodidad del pasajero. Menos espacio entre filas implica menos libertad de movimiento y una sensación más cerrada, aunque el boleto sea más barato.
En las compañías con vuelos premium, la situación cambia. Ahí, la alineación con las ventanas y la amplitud del asiento forman parte del producto. La diferencia es estratégica.puesto que unas venden transporte, otras venden experiencia.
La próxima vez que busques una ventana…
El desajuste entre asientos y ventanas no es un error ni un descuido, sino la consecuencia directa de cómo funciona la industria. Los fabricantes crear la estructura; las aerolíneas deciden cómo modificarla. Entre ambas, la comodidad queda en el segundo plano.
Así que la próxima vez que busques una ventana en un vuelo y te encuentres con una pared, recuerda que detrás de ese hueco perdido hay un asiento más, una estrategia comercial y una industria que optimiza cada centímetro para beneficio económico de las aerolíneas.
