Lo que empezó como una fórmula práctica para pagar por contenidos digitales se ha convertido, poco a poco, en un modo de vida. Suscripciones para escuchar música, ver series, almacenar fotos, trabajar, proteger el ordenador. A base de pequeñas cuotas, se ha ido normalizando que una parte creciente de nuestra vida dependa de un pago mensual. Y cuando llega el momento de hacer cuentas, aparece esa sensación tan reconocible de estar cuadrando el presupuesto con malabares: damos de baja una, reactivamos otra, ajustamos como podemos para no pasarnos. Quizás cada vez pagamos más por acceder, y cada vez menos por poseer. Por eso el último giro del fenómeno llama especialmente la atención: ahora también se puede “alquilar” un televisor en vez de comprarlo.
Alquila un TV si no puedes (o quieres) comprar. La escena llega desde Reino Unido. Allí, LG ya ofrece una modalidad llamada LG Flex que permite acceder a una selección de televisores y barras de sonido mediante suscripción, directamente desde la web de la compañía. La lógica es parecida a la de otros servicios: eliges el producto y, en el momento de finalizar la compra, seleccionas Raylo como opción, ya que LG lo presenta como su socio oficial para este programa. La propuesta se vende como un acceso flexible”a productos premium, sin diseño inicial, y con distintas duraciones de suscripción para ajustar el precio mensual. En la práctica, es un cambio de paradigma en un objeto que normalmente comprábamos y amortizábamos durante años.

Qué significa “flexible”. La suscripción se plantea con dos caminos muy distintos: un plan mensual renovable, pensado para quien quiere máxima libertad, y planes cerrados de 12, 24 o 36 meses, que reducen el pago mensual a cambio de mayor compromiso. Es una lógica conocida: cuanto más largo es el plazo, más baja es la cuota. Además, la propuesta incluye una prueba gratuita de 14 días y que, al terminar el período, el usuario puede elegir entre seguir pagando mes a mes, pedir un cambio a un modelo más nuevo sin costo adicional o devolver el dispositivo. Eso sí, esta última opción no es neutra: la retirada tiene una tasa de 50 libras (unos 60 euros).
La clave está en qué estás pagando. Un televisor como el LG OLED evo AI C54 4K de 83 pulgadas (2025) se ofrece por 3.999 libras (unos 4.620 euros al cambio en ese mercado), con suscripción disponible desde 123,90 libras al mes (unos 145 euros al cambio) con Raylo, mientras que un LG QNED evo AI QNED9MA Mini LED 4K de 86 pulgadas figura por 2.499,98 libras (unos 2.890 euros al cambio), con cuotas desde 78,35 libras al mes (unos 92 euros al cambio). La diferencia está en el horizonte temporal: si la suscripción se mantiene durante mucho tiempo, la importación acumulada puede terminar superando el precio de compra. Por eso Flex se entiende mejor como una fórmula para tener el televisor “en uso” sin comprarlo directamente, no como una alternativa pensada para pagar menos al final de todo.

¿Saldrá de Reino Unido? Por ahora, el experimento se queda en Reino Unido. LG no ha comunicado planes para expandir Flex más allá de ese mercado, así que, de momento, no hay base para dar por hecho que vaya a llegar a otros países europeos. Pero incluso como caso aislado, la idea dice mucho del momento que atravesamos: las suscripciones ya no son solo un método para acceder a contenidos o herramientas digitales, sino un lenguaje comercial que empieza a aplicarse también a objetos físicos.
Imágenes | LG
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