El debate nuclear, que Japón pensaba cerrado, vuelve a escena. La reciente autorización para reactivar Kashiwazaki-Kariwa, la mayor planta atómica del mundo, ha encendido las alarmas: han aflorado el recelo ciudadano, la sombra de Fukushima y las dudas sobre si TEPCO (Tokyo Electric Power Company) es la compañía adecuada para liderar la nueva etapa energética del país.
Quince años de espera para un reinicio que no se limita ni un día. En Niigata, el reactor número 6 pasó del silencio absoluto al apagado de emergencia en menos de 24 horas. El fallo, localizado en los sistemas de seguridad críticos, se ha convertido el gran renacimiento energético de Japón en una lección de fragilidad técnica.
Un gigante pausado. Kashiwazaki-Kariwa no produjo un solo kilovatio desde 2012. Aquel cierre no fue un evento aislado, sino la onda expansiva de Fukushima en 2011, que puso en el punto de mira a todos los reactores de diseño similar. Pero para TEPCO, este complejo de siete unidades y más de 8.000 MW es mucho más que energía: es su tabla de salvación financiera. Según estimaciones de Japan Forwardla eléctrica necesita estos reactores para inyectar unos 100.000 millones de yenes anuales a sus arcas, un oxígeno fundamental para pagar la factura interminable del desmantelamiento de Fukushima Daiichi.
El Gobierno japonés, bajo el mando de la primera ministra Sanae Takaichi, ha posicionado esta reapertura como un pilar estratégico. El objetivo es ambicioso, en decir, que la energía nuclear. representa el 20% del mix energético para 2040. Esta energía es necesaria para alimentar los nuevos centros de datos de IA y fábricas de semiconductores, reduciendo así la dependencia de combustibles fósiles importados, encarecidos por la caída del yen y la geopolítica actual.
Crónica de un reinicio fugaz. El proceso de reactivación del reactor No. 6 estuvo marcado por los contratiempos incluso antes de empezar. El reinicio, previsto inicialmente para el martes 20 de enero, tuvo que posponerse un día tras detectarse que una alarma diseñada para avisar de la retirada accidental de barras de control no funcionó durante las pruebas, informado según The Japan Times. Tras corregir este error, las operaciones comenzaron formalmente el miércoles a las 7:02 pm A las 8:28 pm, el reactor alcanzó el “estado crítico” (fisión nuclear sostenida). Sin embargo, la celebración en las salas de control de TEPCO —donde el personal monitorizaba con tensión las pantallas— duro poco.
A las 12:28 am del jueves, apenas 16 horas después del inicio, una alarma volvió a sonar. Esta vez indicaba un fallo en el panel de control del motor que acciona una de las barras de control del reactor (los dispositivos que regulan o inhibidor de la reacción nuclear). TEPCO intentó sustituir componentes eléctricos e inversores, pero la anomalía persistió. Ante la incertidumbre, la empresa anunció una “parada temporal planificada” para reinsertar las barras de control y detener la fisión, proceso que concluyó la mañana del viernes. “No asumimos que la investigación se resuelva en uno o dos días; en este momento no podemos decir cuántos días tomará”, admitió Takeyuki Inagaki, director de la planta, en rueda de prensa.
Seguridad bajo sospecha. Aunque TEPCO sostiene que el reactor permanece bajo control y sin fugas al exterior, el incidente ha servido para herir en una herida que nunca llegó a cerrar. No es solo el presente lo que preocupa, sino un historial empañado: hace apenas cinco años, el Financial Times ya ponía el foco sobre la planta tras un escándalo de seguridad donde un empleado burló los controles de acceso usando una identificación ajena, dejando en evidencia la fragilidad de sus sistemas de vigilancia.
Sin embargo, la desconfianza no solo recae sobre TEPCO. El sector nuclear japonés atraviesa una crisis de credibilidad sistémica. Este mismo mes, la empresa Chubu Electric admitió haber manipulado datos sísmicos para minimizar el impacto de posibles terremotos en su planta de Hamaoka, lo que llevó a la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) a calificar el acto de “escandaloso” ya suspender su revisión de seguridad tras una década de trámites.
Una sociedad dividida en Niigata. En el exterior de la planta y en las sedes de TEPCO, manifestantes como Yumiko Abe, de 73 años, expresan su indignación: “La electricidad es para Tokio, pero el riesgo lo corremos nosotros en Kashiwazaki. No tiene sentido”.
Las cifras respaldan este malestar. Según encuestas citadas por South China Morning Postalrededor del 60% de los residentes de Niigata se oponen al reinicio. Además, el 70% de los ciudadanos teme que TEPCO no sea capaz de gestionar una emergencia basándose en su historial. Por otro lado, sismólogos destacados advierten en el Financial Times que la planta se asienta cerca de una zona de altísimo riesgo sísmico donde un gran terremoto podría causar daños multimillonarios.
El futuro del átomo en Japón. El camino hacia la plena operatividad de Kashiwazaki-Kariwa vuelve a estar en el aire. Mientras TEPCO Realiza cortes de costes de 3,1 billones de yenes. Para financiar el desmantelamiento de Fukushima, la NRA ha prometido inspecciones in situ estrictas para verificar las acciones correctivas tras este último fallo.
Expertos como la Dra. Koppenborg florentino sugiere que este “renacimiento nuclear” podría ser solo “una gota en el océano”, ya que los costos de seguridad se han disparado y la confianza pública sigue bajos mínimos. Japón se encuentra en una encrucijada energética: la urgencia de descarbonizarse y alimentar su industria tecnológica choca frontalmente con la memoria de un desastre que, 15 años después, sigue muy presente. El gigante de Kashiwazaki-Kariwa ha demostrado que, en la energía nuclear, la distancia entre el éxito estratégico y el fracaso técnico se mide en el sonido de una sola alarma.
Imagen | Banco de imágenes del OIEA
Xataka | He aquí una noticia que seguro te tranquilizará: la mayor central nuclear de Europa está funcionando con generadores diésel
