Sam Altman firmó no hace mucho un acuerdo con el Departamento de Defensa estadounidense para integrar sus sistemas en el ejército. La noticia ha provocado una reacción en cadena sin precedentes contra la compañía. Tras conocerse el pacto este mismo viernes, la plataforma sufre una fuga masiva de usuarios muy críticos con la decisión.
La noticia sentó tan mal entre el público que las desinstalaciones de ChatGPT crecieron un 300 por ciento. Gran parte de ese público está migrando hacia Claude, cuya desarrolladora, Anthropic, Rechazado ceder su tecnología. al Pentágono, resistiendo incluso ante las amenazas gubernamentales de expropiar todo su código.
El movimiento QuitGPT saca el descontento a las calles de San Francisco y Londres
El cabreo digital ha saltado a la calle organizado bajo el nombre de QuitGPT. Unos cincuenta manifestantes protestaron frente a la sede californiana el martes. Según Perrin Millekin, uno de los asistentes, los servidores locales agotan los recursos hídricos y disparan las facturas de la luz de todos los vecinos cercanos.
Otras personas mostraron preocupaciones mucho más profundas sobre el futuro. Megan Matson aseguró que este software destruye el periodismo y el arte humano. La concentración atrajo a perfiles atípicos, como un programador de Oakland que ocultaba su rostro tras una máscara de cartón para mantener su anonimato.
Este joven ingeniero confesó que construir tecnología de vigilancia gubernamental le parece una auténtica locura inaceptable. El profundo malestar cruzó rápidamente el océano hasta el barrio de King’s Cross en Londres. Allí, cientos de activistas se congregaron el pasado sábado cerca de las oficinas de Google DeepMind para criticar a la industria.
Intentando apagar el incendio, Sam Altman organizó una ronda de preguntas rápidas en X asumiendo que el pacto militar transmitía muy mala imagen público. Ceder tanto control asusta bastante a la población, sobre todo tras comprobar que las últimas versiones algorítmicas ya consiguen dominar por completo el ratón de un ordenador.
El lunes se aplicará una política agresiva de control de daños. La cúpula emitió un comunicado alterando las condiciones del contrato para prohibir expresamente vigilar a los ciudadanos americanos. Sin embargo, omitieron por completo la otra gran línea roja de Anthropic y no vetaron el uso de armamento autónomo basado en su código.
Esta controversia militar arrastra bastante historial previo dentro de las oficinas. Durante febrero de dos mil veinticuatro, decenas de personas bloquearon la entrada principal porque la corporación eliminó discretamente el veto a las aplicaciones bélicas en sus políticas de uso, preparando el terreno para firmar estos nuevos proyectos directamente con Defensa.
La resistencia más dura surge ahora desde las propias mesas de trabajo. Intentando frenar esta peligrosa escalada armamentística, casi mil empleados del sector han publicado un texto conjunto. Los programadores exigen a la junta que directiva recache categóricamente diseñar herramientas de espionaje y sistemas autónomos de destrucción militar a nivel global.
