La Unión Europea está empezando a mover ficha en un tablero que ya no se parece al de hace unos años. Con Donald Trump tensando el comercio internacional y la dependencia europea de socios exteriores cada vez más en el centro del debate, Bruselas busca ganar margen de maniobra. Esa idea de autonomía estratégica, repetida durante años en discursos y documentos, empieza a traducirse en decisiones concretas. Algunas apuntan a lo digital, otras a la seguridad, y otras al comercio. En ese contexto se entiende el anuncio de un gran acuerdo con la India tras casi dos décadas de negociación.
El anuncio. La novedad llega desde Nueva Delhi, tras una cumbre en la que participaron Narendra Modi y dos de las principales figuras europeas, António Costa y Ursula von der Leyen. El acuerdo, negociado durante casi veinte años.busca abrir una nueva etapa comercial entre la Unión Europea e India, con un alcance que Bruselas ha querido subrayar desde el primer minuto. Von der Leyen lo definió en redes sociales como “la madre de todos los acuerdos comerciales”.
Qué entra y qué se queda fuera. El anuncio habla de un acuerdo amplio, pero su perímetro está definido con bastante cuidado. Según Reutersel pacto se concentra en comercio de bienes y servicios y en normas, mientras que asuntos especialmente sensibles, como la protección de inversiones, se negocian por separado. Además, hay exclusiones específicas: agricultura y lácteos no forman parte del paquete, una decisión que busca evitar la resistencia de algunos sectores.
La clave está en los coches.. El propio comunicado de la UE recuerda que los aranceles sobre los coches importados en India pueden llegar al 110%, una barrera que en la práctica bloquea la entrada de buena parte de los modelos europeos. Por esta razón, el pacto incluye recortes que podrían situar esos aranceles en un mínimo del 10%. Esas rebajas se aplicarían a un volumen de hasta 250.000 coches procedentes de la Unión Europea. Para los fabricantes europeos, el atractivo es evidente: acceder a un mercado enorme que hasta ahora ha estado casi cerrado.
El intercambio de concesiones. Los beneficios potenciales se reparten, aunque no de forma simétrica. India ganaría competitividad en industrias intensivas en mano de obra, como textiles y prendas de vestir, que en Europa todavía enfrentan aranceles cercanos al 10%. También busca mejorar el acceso de sus profesionales y servicios tecnológicos al mercado europeo. La UE, en cambio, apunta a un objetivo distinto: entrar mejor en un mercado en expansión, donde sus exportaciones se enfrentan a un arancel medio ponderado del 9,3% y cargas especialmente altas en automóviles, productos químicos y plásticos.
Un acelerón geopolítico. El momento del anuncio no es casual. En los últimos meses, tanto India como la Unión Europea han sentido más de cerca el giro proteccionista que acompaña la nueva etapa de Donald Trump. Reuters recuerda que India no ha logrado cerrar un acuerdo con la Administración Trump desde que la Casa Blanca anunció en abril los llamados “aranceles recíprocos”, y que en agosto impuso un arancel punitivo adicional del 25% por la compra de petróleo ruso, elevando el gravamen total sobre bienes indios al 50%. Para Europa, el mensaje ha sido parecido: los aranceles se han convertido en un instrumento de presión política.

Nada está en vigor todavía. El anuncio es importante, pero el camino institucional apenas empieza. El texto final aún debe superar el escrutinio legal en Bruselas y Nueva Delhi. Después llega el tramo más delicado: la ratificación. Reuters señala que el pacto tendrá que ser aprobado por el Parlamento Europeo, un proceso que podría tardar al menos un año. Por ejemplo, el pacto UE-Mercosur: se firmó el 17 de enero de 2026 en Asunción, pero días después el Parlamento Europeo decidió elevarlo al Tribunal de Justicia de la UE para su revisión, algo que podría retrasar su aplicación hasta dos años. El movimiento con India no tiene por qué seguir ese camino, pero nos invita a ser prudentes.
Imágenes | Olga Naida | Mitul Gajera | frank mckenna
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