En los últimos años, la seguridad se ha convertido en el nuevo motor silencioso de la política industrial europea. Las guerras y las presiones entre aliados han modificado planos. Ya no se trata solo de fabricar más, sino de decidir dónde, cómo y bajo qué control se construyen las capacidades estratégicas del futuro.
España, de hecho, está en busca y captura de un nodo que amplifique su defensa.
El obstáculo del suelo y una ambición. España quiere acelerar su modernización militar y la pieza central pasa por concentrar talento, ingeniería y desarrollo tecnológico en un único gran complejo. Aquí aparece Indra que, al parecer, busca 77 hectáreas en el entorno de Madrid para levantar un macrohub de hasta 300.000 metros cuadrados dedicado a radares, defensa electrónica, comunicaciones y digitalización industrial, con una inversión de 385 millones respaldada por el Banco Europeo de Inversiones y la promesa de millas de empleos cualificados (se habla de más de 3.000 nuevos puestos).
El proyecto, inicialmente vinculado a Torrejón de Ardoz, se ha visto frenado por la lentitud administrativa y ahora baraja otras localizaciones en el Corredor del Henares, una zona que la compañía considera estratégica para reforzar un polo tecnológico capaz de responder a los nuevos programas de modernización de las Fuerzas Armadas.
Un ejército de Silicon Valley. La ambición, sobre el papel, va más allá de un simple centro corporativo. La idea es crear un ecosistema completo donde confluyan laboratorios, simuladores, manufactura avanzada y empresas auxiliares, convirtiendo el eje madrileño en una especie de militares de Silicon Valley español.
El plan estratégico Liderando el futuro apunta a consolidar a Indra como tractor del sector defensa y aeroespacial, atrayendo proveedores, centros de investigación y startups tecnológicas que giran en torno a un núcleo industrial fuerte. No se trata, por tanto, solo de construir edificios, sino de articular una red de innovación que sitúa a España en una posición más autónoma y competitiva en el tablero europeo.
La ingeniería social para no perder el control. En paralelo, el Gobierno mueve ficha para garantizar que ese campeón nacional de defensa no escape al control público. ¿Cómo? Al parecer, Moncloa estudia trasladar los activos de defensa de Indra una nueva filial que permitirá integrar a Escribano Mechanical & Engineering y eventualmente a otras compañías del sector, todo ello sin diluir la participación estatal a través de la SEPI.
Contaba el diario El Mundo que, detrás de este movimiento hay una razón de peso. La fórmula pretende esquivar el conflicto de intereses derivado de la doble condición de Ángel Escribano como presidente de Indra y copropietario de EM&M, y evitar una pérdida de control sobre una industria considerada estratégica.

Consolidación industrial bajo presión. La fusión por absorción aprobada inicialmente generó tensiones por el equilibrio accionarial y el riesgo de litigios, pero deshacer el camino tampoco es sencillo. Recordaba el medio que Indra y EM&M han firmado contratos al calor de créditos públicos vinculados a programas militares y, en la práctica, han operado como si la integración ya estuviera en marcha.
A ello se suma la presión de nuevos inversores internacionales que ven en la consolidación una oportunidad clara de creación de valor. El resultado es un pulso entre ambición industrial, control estatal y tiempos políticos, uno que definirá si España logra articular ese “modo soberanía” con un polo tecnológico-militar, o si la complejidad societaria ralentiza el proyecto que aspira a transformar el corazón del país. en el epicentro de su nueva industria de defensa.
Imagen | Píxel crudo, Felipe Gabaldón
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