Durante años hemos convivido con formatos de almacenamiento que parecían indestructibles, los cuales no evolucionaban tan rápido como las CPU o las GPU, pero seguían ahí, resistiendo el paso de los años.
Sin embargo, 2025 confirma un giro definitivo, y es que algunos métodos siguen siendo útiles, otros se han convertido en soluciones de nicho, y varios han cruzado la línea de la obsolescencia sin opción de retorno.
No hablamos de pendrives USB ni de tarjetas microSD, que aún sobreviven por pura utilidad. Hablamos de formatos que ya no aportan valor real ni técnico y que, incluso para un usuario poco exigente, han dejado de tener sentido práctico.
El desarrollo del almacenamiento NVMe, la expansión del streaming y el salto de precio de los SSD han acelerado un desenlace que parecía imposible hace una década. Lo que antes era estándar ahora es un vestigio, y en muchos casos, un estorbo.
El CD y el DVD
Si creciste en los 90 o principios de los 2000, el CD y el DVD marcaron tu relación con la tecnología. Eran el método dominante: música, películas, copias de seguridad, distribución de software, juegos… todo pasaba por un disco óptico.
Su capacidad marcaba el límite de lo que podía almacenarse y su formato físico lo convertía en algo tangible, sencillo y directo.. El problema es que su evolución se detuvo de golpe, porque el Blu-ray multiplicó la capacidad y lo dejó atrás.
Luego llegó el streaming y terminó de enterrar el formato. La capacidad mínima de un CD (700 MB) o de un DVD de una sola capa (4,7 GB) no compite con nada moderno. Cuando las conexiones rápidas se volvieron comunes y el almacenamiento externo comenzó a abaratarse, estas discos perdieron su razón de existir.
Solo sobreviven por nostalgia y alguna distribución física muy concreta.. El sector del cine aún conserva catálogos en Blu-ray por la calidad del vídeo sin compresión, pero el CD y el DVD han pasado a ser objetos simbólicos.
Los discos SSHD
Las unidades SSHD nacieron como un parche que ofrecían capacidad de disco duro y una pequeña caché de memoria flash para facilitar tareas básicas. En teoría, combinaban lo mejor de los dos mundos. En la práctica, fueron un híbrido pobre que nunca encajó del todo.
Cuando llegaron alrededor de 2012, el SSD todavía era caro y el disco duro seguía siendo la única opción masiva para almacenar grandes cantidades de datos. La mejora respecto a un HDD era limitada, mientras que un SSD SATA ofrecía un salto mucho más evidente.
Cuando los SSD bajaron de precio, el nicho del SSHD se evaporó. En 2025 ya no tiene ningún sentido comprar uno. No compite en velocidad, no compite en eficiencia, no compite en valor por euro. Fue útil en su momento, pero desapareció de la producción por pura lógica del mercado.
Disco duro SATA M.2
El factor de forma M.2 cambió por completo la forma de montar almacenamiento en una PC, pero la interfaz SATA, heredada de una época mucho más lenta, lastró ese diseño desde el primer día.
Durante un breve período tuvo sentido un SSD SATA M.2 si querías eliminar cables y conservar un precio contenido; no obstante, este momento ya pasó. En 2025, los SSD NVMe son más rápidos, más eficientes y prácticamente iguales de tamaño.
Por ello, instala un M.2 SATA hoy solo tiene sentido si tu placa base es antigua y no admite NVMe. En cualquier otro caso, es tirar dinero en un formato que ofrece lo mismo que un SSD de hace diez años, solo que en un envoltorio más moderno.
El disco duro mecanico
El HDD es el veterano del almacenamiento, lleva décadas presente y todavía no ha desaparecido, pero su papel ya no es importante. Su velocidad no resiste comparación con un SSD actual, ni siquiera con los SATA más modestos.
Los tiempos de carga, el ruido, el calor, el consumo y la fragilidad ante golpes lo relegaron a funciones secundarias. Su utilidad ahora está en los NAS, copias de seguridad, CCTV, archivado. Sitios donde la velocidad no es el factor clave.
Como unidad principal ya no tiene sentido. Si sigues usando un HDD para arrancar el sistema, ejecutar juegos o trabajar con archivos grandes, estás desaprovechando una de las mejoras más evidentes que una PC puede recibir.
Las tecnologías de almacenamiento tienen una vida larga, pero no infinita. Los CD y DVD viven un pequeño resurgimiento por nostalgia. El disco duro resiste gracias a su costo por terabyte. El Blu-ray conserva un espacio entre coleccionistas. Y otros formatos, como el SSHD o el M.2 SATA, ya no tienen posibilidad de retorno.
El avance de la nube, el streaming y los SSD NVMe ha redefinido cómo guardas tus datoscómo consume contenido y cómo organiza tu propio sistema. Las alternativas mejores, más rápidas y más baratas siempre terminan imponiéndose.
2025 marca un punto de inflexión para varios formatos de almacenamiento que durante años parecieron inamovibles. Algunos ya no tienen sentido, otros se han reciclado en nichos muy concretos y unos pocos siguen en uso por tradición.
La tecnología siempre selecciona lo que aporta valor real y descarta lo que ya no lo ofrece. Por eso los CD, los SSHD y los M.2 SATA han terminado donde están hoy: en un cajón, en el recuerdo o como piezas en el trastero.
