Ha llegado el momento en que ya es bastante habitual ver lanzamientos de marcas chinas, como Xiaomi, realme o OnePlus, que presumen de baterías de más de 7.000 mAh. Sin embargo, en el día a día, apenas duran mucho más, o lo mismo, que la de un iPhone con bastantes menos mAh.
La diferencia entre lo que ofrecen hoy los móviles Androide en capacidad bruta y lo que consigue Apple con cifras mucho más contenidas no es casualidad. Es el resultado de dos filosofías que siguen caminos diferentes.
Al final, como sucede con la fotografía y los MP, no todo son mah.
iOS vs Android a nivel energético
La clave de la superioridad de iOS en autonomía no es el tamaño de la batería, sino el control total que Apple aplica sobre software y hardware. A diferencia de Android, que debe adaptarse a miles de configuraciones de hardware distintas, de diferentes firmas, Apple diseña el software y el hardware como una sola unidad.
Esa integración hace que el sistema operativo conozca al milímetro las capacidades del chip y anticipa cómo debe gestionarse cada proceso para consumir lo mínimo posible. Y aquí es donde entra en juego una política de segundo plano mucho más estricta que en Android: cuando dejas de usar una aplicación, iOS la “congela” en silencio, reduciendo el consumo a prácticamente cero.
es Androideincluso con restricciones añadidas por los fabricantes, la multitarea permite que ciertas tareas sigan activas y eso acaba notándose en el gasto energético acumulado.
Los procesadores importantes
La arquitectura de los procesadores de Apple También influyen sobremanera. Los núcleos de alta eficiencia se encargan de la mayor parte de las tareas cotidianas, y su consumo es notablemente inferior al de los núcleos de potencia que suelen activarse en chips Android para operaciones más exigentes.
Además, la gestión de RAM en iOS Evita ciclos de limpieza constantes, mientras que Android implica picos de actividad que, a su escala, también consumen energía.

Al final, en Android el camino es otro. Los fabricantes compiten por ofrecer más rendimiento, pantallas con mayor resolución, tasas de refresco cada vez más altas y, ahora, módulos de IA que trabajan constantemente en fotografía, predicción de uso o traducción en tiempo real.
Cada una de esas funciones exige más energía, lo que obliga a montar Baterías de 5.000, 6.000 o incluso 7.000 mAh. para compensar ese incremento de demanda. Al final, a más exigencias dentro del móvil, más necesidad de aguantarlas.
Todo esto se reduce en que, cuando se comparan las capacidades con la autonomía real, un iPhone con 3.300 o 3.900 mAh puede aguantar lo mismo que un Android de 6.000 o 7.000 mAh porque la eficiencia por vatio sigue siendo muy superior en el ecosistema de Apple.
No es que los fabricantes de Android No lo estén intentando, ni mucho menos. De hecho, los avances de los últimos años son notables. Pero la combinación de potencia bruta, IA intensiva, pantallas cada vez más exigentes y capas con funciones avanzadas hace que la capacidad tenga que crecer más rápido que la optimización.
