En un frente donde todo parece decidido por trincheras, artillería y drones en el cielo, hay otra guerra que se está trasladando en silencio, pegada al agua y lejos de los focos. El río Dniéper, convertido en frontera natural y línea de vida, se ha llenado de pequeñas batallas por islas y pasos que pueden cambiar el equilibrio de una región entera.
Y en esa pelea, Rusia acaba de introducir una novedad. explosiva.
Un río como frente. La guerra entre Rusia y Ucrania sigue empantanada en un equilibrio de desgaste, con las defensas ucranianas frenando avances y gran parte de la atención centrada en Donetsk, pero bajo ese ruido existe otra batalla. menos visible y muy estratégico: el control de varias islas del río Dniéper.
Ucrania domina esas islas y la orilla occidental, mientras Rusia controla la orilla oriental e intenta arrebatarlas para facilitar los asaltos a través del río y, en perspectiva, sostener operaciones que vuelvan a poner en riesgo lugares como Jersón. En ese tablero fluvial, donde cada travesía es un suicidio potencial, la tecnología vuelve a aparecer como el atajo para ganar margen sin pagar el precio humano.
Sirio-82. Los vídeos difundidos por el Ejército ruso muestra un nuevo vehículo de superficie no tripulado, el Sirio-82que empieza a operar en el Dniéper con un planteamiento mucho más pragmático que cómodo. Por lo que se aprecia, es compacto, de unos dos metros de longitud, y está orientado a misiones de corta duraciónprobablemente con propulsión eléctrica y batería, lo que encaja con el entorno fluvial y con tareas rápidas de ida y vuelta.
No parece un sistema autónomo avanzado, sino un instrumento de “guerra útil” construido para funcionar ya, aquí y ahora, aunque sea tosco y limitado.

Una YaRM
Carga modular y control FPV. El diseño sugiere modularidad, con capacidad de transportar carga en la cubierta y también dentro del casco, lo que lo convierte en una plataforma adaptable a distintas misiones sin rediseñar el vehículo desde cero.
es una de las grabaciones se ve claramente cómo lleva dos minas fluviales ancladas YaRMde unos 13 kilos cada una, colocados sobre la cubierta y liberadas mediante actuadores mecánicos que las sueltan al agua. El control, además, no puede ser más “vieja escuela”: un operador lo dirige con un joystick como los de drones FPV y monitoriza la cámara en un portátil, una receta simple que baja costos y acelera el despliegue, pero que en combate real puede bastar.
Minado del río: la trampa. La primera función mostrada es la colocación de las minas YaRM en aguas poco profundasun recurso soviético pensado para ríos y canales, normalmente anclado justo bajo la superficie para amenazar embarcaciones ligeras. Rusia las usaría para atacar lanchas ucranianas de reabastecimiento que se mueven hacia las islas, que es precisamente el punto débil de cualquier control avanzado en un río: mantener suministros y rotaciones bajo fuego.
Ucrania, a su vez, emplea minas similares para frenar o destrozar intentos rusos de acercamiento, y el resultado es un entorno en el que el Dniéper deja de ser una barrera natural y se convierte en un campo minado dinámico, donde el riesgo no está en el horizonte, sino bajo el agua.
Desminados y sacrificios. La otra cara del Sirius-82 es que puede servir para despejar minaslo cual es igual de importante en una guerra fluvial donde cada paso requiere abrir un corredor seguro. Un vídeo lo muestra como plataforma sacrificable, avanzando hasta detonar una mina ucraniana para despejar un paso antes de que, entre una lancha tripulada, un concepto brutalmente lógico si se anteponen vidas a material.
Además, se menciona una técnica rusa habitual de desminado mediante cargas explosivas con espoletas retardadas lanzadas a intervalos para hacer detonar minas cercanas, y el Sirius-82 podría hacer ese trabajo sin exponer a una tripulación en mitad de un río sin cobertura. Un tipo de solución que solo necesita repetición y ausencia de remordimiento al perder el vehículo.


Ataques kamikaze y apoyo a asaltos. Más allá del minado, el sistema podría emplearse como dron kamikaze contra embarcaciones ucranianas, embistándolas y detonando una carga a bordo para destruir ambas, aprovechando su perfil bajo y la discreción de una propulsión eléctrica.
También se sugiere un uso más “logístico” en apoyo a asaltos a las islas, llevando suministros o incluso evacuando heridos si se adapta para cargas mayores, algo que encajaría con un combate de posiciones donde las islas funcionan como pequeñas cabezas de puente. En conjunto, el Sirius-82 no parece un superarma, sino más bien una herramienta para ganar las batallas diarias del frente, donde cada caja de munición y cada cruce de agua deciden más que una gran ofensiva.
El patrón de guerra. Lo que revela la aparición del Sirius-82 es una tendencia de la que hemos hablado antes: Rusia y Ucrania están empujadas por la escasez de personal, las bajas y un frente larguísimo a sustituir humanos por máquinas en tareas donde el riesgo es desproporcionado.
Y lo interesante es que esa sustitución no necesariamente llega con autonomía avanzada y sensores de última generación, sino con sistemas “primitivos” pero perfectamente funcionales, construidos deprisa y con un objetivo claro. El mensaje de fondo es que la guerra moderna no siempre premia lo más cómodo, sino lo que se puede producir y desplegar en masa, lo que se sacrifica sin dudar y lo que resuelve un problema concreto esta semana.

Un río que ya no es geografía. Si se quiere también, el Sirius-82 es un síntoma de cómo el Dniéper se está transformando en un espacio de negación del acceso a escala táctica, donde minas, drones y control remoto sustituyen a las patrullas clásicas. Es pequeño, barato y prescindible, pero precisamente por eso es peligroso: permite sembrar y limpiar el río con menos riesgo humano, y mantiene la presión constante sobre las islas que Ucrania controla.
Y cuanto más se normalicen estas plataformas, más probable es que el combate fluvial evolucione hacia una guerra de “micro-robots” que deciden el terreno metro a metro, hasta que cruzar el río más grande de la nación sea menos una maniobra militar y más una lotería tecnológica.
Imagen | Telegrama
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