Si pudiera, te daría una patada Sorprendió a la audiencia de la ceremonia del Globo de Oro 2026. Todo gracias a que la actriz Rose Byrne rompió todos los pronósticos y se alzó como la mejor actriz de drama por la película. Pero no se trata de una casualidad afortunada. Lo cierto es que la película de Mary Bronstein causó sensación desde su estreno en Sundance en 2025 y puede ser la gran sorpresa en la próxima entrega del Oscar.
Eso, debido a su combinación de drama y una exploración en la naturaleza del dolor emocional, que evita clichés y en especial la sensibilidad. El guion —también de la directora— toma la curiosa decisión de convertir un colapso mental y físico en una revisión sobre el sentido de la identidad y el propósito. Por lo que la película comienza con una escena absurda: Linda es una mujer que se enfrenta a una crisis doméstica brutal. Un boquete imposible que arruine el suelo y cualquier ilusión de control en su vida. Esa imagen inicial no es una metáfora obvia ni pretende serlo, sino como advertencia práctica. Esta es una película de excesos. Sensoriales, de situaciones y retos.
De hecho, Linda ya está agotada antes de que el relato pueda contarse un detalle. Su hija (Delaney Quinn), cuyo nombre apenas se menciona y cuya presencia es casi invisible, depende de una sonda de alimentación que domina cada conversación, cada rutina, cada discusión médica. Pero antes de convertir el cuadro clínico de la chica en una excusa para explicar el sufrimiento, Si pudiera, te daría una patada hace algo más ingenioso. Reflexionar sobre cómo la caída en el desastre de cualquiera no empieza de manera obvia ni tampoco a través de un hecho puntual. Y que en este caso, es una enfermedad misteriosa que desborda toda la capacidad de Linda para enfrentarse a ella.
Una película incómoda y angustiosa

De modo que la relación de Linda con el personal sanitario se vuelve un campo minado de tecnicismos, frustraciones y silencios incómodos. Una clara referencia a la manera en que el personaje naufraga en su intento por sobrellevar la vida lo mejor que puede. En lugar de eso, debe atravesar un territorio confuso de situaciones límite entre una mezcla notoria de desesperación y miedo. Mary Bronstein organiza la información de forma fragmentada, obligando al espectador a reconstruir el contexto mientras Linda intenta mantenerse en pie.
El resultado es una experiencia que nunca se siente explicativa ni condescendiente. La presión se acumula por las capas. A la crisis doméstica se suma la carga emocional de una maternidad que exige dedicación permanente. Linda no solo es una madre: es una enfermera y cuidadora vigilante al borde del colapso total. Cada decisión parece equivocada incluso antes de tomarla.


Uno de los grandes logros de este extraño escenario es que la trama de Si pudiera, te daría una patada Nunca parece artificial, exagerada o abrumadora. En lugar de eso, la historia tiene mucha perspectiva testimonial sobre qué soportó cualquiera en un momento crítico y caótico. La cinta se cuida mucho de profundizar a Linda desde la perspectiva de una mártir o una mujer heroica. Antes que eso, el personaje batalla con cada situación con apenas herramientas, en medio de la ansiedad y el miedo. Por lo que es en realidad una sobreviviente a su propia vida.
Una actuación de premio en ‘Si pudiera, te daría una patada’


Uno de los puntos más altos de la cinta, es, por supuesto, la esforzada y singular actuación de Rose Byrne, que evita a toda costa parecer una caricatura sufriente. La cámara insiste en el rostro de la actriz, registra microgestos, respiraciones contenidas, miradas que calculan daños. La interpretación le permite construir el retrato de una mujer funcional solo en apariencia, sostenida por rutinas que amenazan con colapsar. El guion evita frases grandilocuentes y apuesta por el desgaste, por la sensación de estar atrapado en un ciclo que no concede tregua. Incluso los espacios resultan hostiles: el hogar ya no protege, el agua invade, las paredes fallan.
Una decisión que permite que Mary Bronstein indague en el punto central de su premisa: la maternidad, en determinadas circunstancias, no es refugio ni promesa, sino una prueba de resistencia cotidiana. Linda es una mujer exhausta intentando cumplir con todo mientras todo se rompe alrededor. El espectador entiende pronto que el agujero en el suelo importa menos que el que se abre lentamente en su interior. Y que el sufrimiento, es un piso inestable a través del cual Linda intenta mantenerse en pie.
Si pudiera, te daría una patada no busca solemnidad ni redención fácil; su efecto reside en la combinación de tensión acumulada y pequeños destellos de humanidad. Por lo que Mary Bronstein mantiene durante todo el metraje su estrategia de encuadre cercano y secuencias minimalistas, dejando que cada acción de Linda tenga un peso específico. Un mérito que permite a la película lograr un final incómodo y en cierta forma impactante, que demuestra que el esfuerzo de la directora por crear una mirada sincera del dolor no fue en vano. Un punto a favor de la que puede ser una de las grandes sorpresas. de las próximas nominaciones del Oscar 2026.

