Suiza ha decidido explorar la compra de un segundo sistema de defensa aérea de largo alcance después de que Estados Unidos comunicase retrasos de hasta cinco años en la entrega de las baterías Patriot que el país helvético había encargado. El Consejo Federal suizo confirmó el 6 de marzo que ha ordenado al Departamento de Defensa evaluar opciones para cubrir el vacío que generará la demora.
La causa del retraso es directa: en julio de 2025, Washington decidió reorientar la producción y las entregas del sistema Patriot para atender las necesidades urgentes de defensa aérea de Ucrania. La decisión ha alterado los calendarios de adquisición de varios países aliados, pero en el caso suizo el impacto es especialmente grave porque el país carece de cualquier capacidad moderna de defensa aérea terrestre desde que retiró el sistema Rapier británico en 2022.
El programa Air2030, la gran apuesta de modernización militar suiza, contemplaba la compra de cinco unidades de fuego Patriot junto con los nuevos cazas F-35A. Esas baterías debían proporcionar a Suiza su primera capacidad de interceptación de misiles balísticos, misiles de crucero y drones de largo alcance, un salto cualitativo respecto a las defensas de corto alcance de la Guerra Fría.
Candidatas europeas para el vacío defensivo
Aunque el Gobierno suizo no ha identificado oficialmente ningún sistema alternativoel requisito de que la solución sea de fabricación europea reduzca las opciones a un puñado de candidatos. Según la publicación Army Recognition, el más probable es el SAMP/T NG, desarrollado por el consorcio franco-italiano Eurosam. Este sistema emplea el interceptor Aster 30 Block 1NT y ofrece alcances comparables al Patriot en varios perfiles de amenaza.
Otra opción que podría complementar la arquitectura defensiva es el IRIS-T. SLM alemán, fabricado por Diehl Defensa, que ha demostrado un rendimiento operativo notable en Ucrania al interceptar drones y misiles de cruceros rusos. Su alcance de unos 40 kilómetros lo sitúa, no obstante, en la categoría de medio alcance, por debajo de lo que Suiza necesita para sustituir al Patriot.
Un aviso para toda Europa
La decisión suiza refleja un problema que afecta a todo el continente. La demanda global de sistemas de defensa aérea se ha disparado tras la invasión rusa de Ucrania, y las cadenas de producción de los principales fabricantes no dan abasto. Países de la OTAN y socios como Suiza compiten ahora por interceptores, radares y lanzadores cuya fabricación requiere años. Optar por un sistema europeo reduciría la dependencia de una única cadena de suministro extranjera y garantizaría un acceso más confiable a piezas de repuesto e interceptores.
La guerra en Ucrania ha demostrado que misiles de crucero, drones y municiones merodeadoras pueden alcanzar infraestructuras críticas a cientos de kilómetros de distancia. Ni siquiera un país neutral como Suiza puede permitirse carecer de un escudo antimisiles moderno en el panorama de seguridad actual. Al explorar la compra de un segundo sistema sin esperar al Patriot, Berna intenta que su modernización militar no quede paralizada por las prioridades bélicas de Washington.
El mensaje de fondo es claro: depender de un único proveedor extranjero para la defensa aérea nacional entraña riesgos que el conflicto en curso ha hecho visibles. Suiza busca ahora diversificar sus fuentes de armamento para no repetir un retraso que ha dejado al país sin cobertura durante años.
