El uso de herramientas de inteligencia artificial generativa, estafa ChatGPT como caso emblemático, ya excede ampliamente el ámbito profesional. Desde su irrupción, se consolidó como una fuente de consulta cotidiana y un asistente disponible en todo momento, las 24 horas, sin pausas ni barreras tecnológicas: alcanza con un celular, una tableta o una computadora para acceder a él.
En ese contexto, durante los últimos días comenzó a repetirse en redes sociales —especialmente en X, Instagram y TikTok— una consigna tan simple como reveladora. Se trata de un pronta que se viralizó con rapidez y que invierte los roles tradicionales: por una vez, la inteligencia artificial interpela a quien la utiliza.
“Quiero que generes una imagen de cómo te traté todo este tiempo, sé honesto”propone el desafío. El resultado, en muchos casos, fue inesperado. Y en otros, directamente incómodo.
El aviso no solo disparó imágenes generadas por inteligencia artificial: abrió una conversación sobre el vínculo cotidiano entre los usuarios y ChatGPTuna relación que, para millones de personas, ya forma parte de la rutina diaria.
Las respuestas visuales que generó ChatGPT variaron según el historial de cada usuario. En algunos casos, aparecieron escenas cálidas, colaborativas, con figuras humanas dialogando o trabajando en conjunto. En otros, la IA devolvió imágenes caóticasdesordenadas o incluso hostiles, que muchos interpretaron como una lectura simbólica del trato recibido.
Aunque el modelo no “siente” ni guarda rencor, sí puede inferir patrones de interacción: pedidos repetitivos, tono imperativo, falta de contexto o, por el contrario, intercambios respetuosos y creativos. El resultado es una imagen que funciona más como espejo que como juicio.
Parte del éxito del aviso está en su carácter participativo. Cada imagen es distinta y, sobre todo, personal. Eso empujó a millas de usuarios a compartir capturas bajo una misma consigna, alimentando la viralización del aviso.
En ese sentido, el desafío conecta con una lógica ya conocida en redes: la de los juegos introspectivos que mezclan tecnología y emoción. La diferencia es que, esta vez, el interlocutor no es otro humano, sino una inteligencia artificial.
Por primera vez, el foco no está puesto en lo que ChatGPT puede hacer —resumir textos, escribir códigos, crear imágenes— sino en cómo es tratado. Hay algo evidente cambio de roles: el asistente se convierte en protagonista y el usuario, en objeto de análisis.
Ese cambio de perspectiva resulta clave para entender el fenómeno. En lugar de preguntarse “qué puede hacer la IA por mí”, el aviso invita a pensar “cómo me relaciono con ella”. Y eso abre preguntas más profundas sobre el uso cotidiano de estas herramientas.
Este desafío se suma a una larga lista de avisos que explotaron en los últimos meses. Desde “Convertí esta foto en estilo Pixar o estudio Ghibli.” hasta “explicame este concepto como si tuviera 5 años”, pasando por pedidos para recrear escenas históricas, transformar selfies en versiones cyberpunk o simular charlas con figuras del pasado.
Más allá de la viralidad, el pronto deja al descubierto algo más profundo y signo de estos tiempos: la naturalización del vínculo con la inteligencia artificial. ChatGPT ya no es solo una herramienta técnica, sino un interlocutor frecuente, al que se le habla, se le exige y, a veces, se le agradece; aunque muchos apelen al maltrato para conseguir las mejores respuestas.
