El viejo continente es más viejo que nunca, literalmente. Porque su edad media ya ronda los 50 años y la tasa de natalidad evidencia que salvo en Mónaco, nuestros hijos e hijas no son suficiente reemplazo (la cifra “mágica” es 2,1). Tanto es así que se puede afirmar que Europa está encogiendo, algo que no sucedió desde la peste negra.
La vieja Europa vs la joven Nigeria. La última actualización de Eurostat arroja una tasa media de nacimientos de 1,38 criaturas por mujer en la UE y 3,6 millones de nacimientos en 2023 para una población que ronda los 450 millones. Si nos marcamos un “Eurovisión” y ampliamos las fronteras, incluyendo estados como el Reino Unido o Rusia, la cifra sube hasta los 6,3 millones.
Sigue siendo poco, especialmente si tenemos en cuenta que solo en Nigeria nacido 7,5 millones en ese mismo año, que tiene una tasa de natalidad de 4,5 criaturas por mujer y que la edad media ronda los 18 años. Unos enormes lagos están en ciernes. Nota: en Nigeria hay 222 millones de habitantes.
Una imagen vale más que mil palabras.. En mapas brillantes han sintetizado estos datos en un mapa muy sencillo con este demoledor dato que evidencia el rápido crecimiento poblacional de África Subsahariana, específicamente Nigeria, que tiene una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Un solo país, con una superficie mucho menor, supera en nacimientos a todo un continente.
En perspectiva. Tomando los datos de Naciones Unidas para Europa y Nigeria desde 1900 hasta 2100 (hasta 2023 los datos son precisos, a partir de ahí se usan las predicciones de la ONU) la evolución y la tendencia no deja lugar a dudas sobre el cambio producido en el último siglo en cifras: en 1950 nacían 12 millones de personas en Europa y 1,7 millones en Nigeria, que tenían una población de 548 y 37 millones de personas respectivamente.
En el 2000, nacían 7,3 y 5,5 millones en Europa y Nigeria, que tenían una población de 728 y 126 millones de personas. Para el 2100, menos de 5 millones de nacimientos en Europa por 6,6 millones de Nigeria y 592 millones de habitantes para el viejo continente frente a los 476 millones del país africano. El vuelo es tal que en Reddit hay un gráfico que, aunque de forma más cualitativa que cuantitativa, lo resumen bien:
¿Por qué es importante?. Más allá de la curiosidad estadística, estamos ante un cambio de paradigma que va a definir el siglo XXI. Si “la demografía es el destino”, como atribuyen a Auguste Comte, el de Europa apunta a cambio (renovarse o morir, nunca mejor dicho). Eso sí, la explosión demográfica de Nigeria tampoco es la vida en rosa.
En Europa. El invierno demográfico de Europa hace que salten las alarmas a su estado del bienestar simple y llanamente porque la pirámide poblacional se está invirtiendo, amenazando así su modelo social intergeneracional: primero, retrasando la edad de jubilación.
En el horizonte, el recorte de prestaciones aunque haya mucha gente que no se esté pegando “la vida cañón”. Por otro lado, el mercado ha encontrado un filón en la economía “plateada” en forma de cuidados para personas en edad avanzada: sin ir más lejos, aquellas profesiones relacionadas ya se postulan a subir como la espuma en los próximos años.

En Nigeria. Tener 7,5 millones de nuevas personas en un territorio es todo un desafío. Sobre el papel, es una fantástica oportunidad para formar y emplear a una masa poblacional que puede impulsar un crecimiento económico masivo (como ha hecho China en las últimas décadas).
El problema es no hacerlo y encontrarse con una juventud sin empleo y frustrada. Por otro lado e independientemente de esa dificultad, un aumento de población tan alto se traduce en una alta presión en sus infraestructuras actuales, por ejemplo habrá una imperiosa necesidad de construir escuelas u hospitales.

Los vasos comunicantes. Ante la perspectiva anterior, el flujo migratorio es tan inevitable como necesario. Desde la vieja Europa, en busca de mano de obra para cubrir las vacantes y así gestionar su decrecimiento sin perder su nivel de vida. Desde la joven Nigeria, para aliviar la presión interna poblacional y de infraestructuras. Una simbiosis no exenta de fricciones culturales, tensiones identitarias culminadas en el auge de la extrema derecha y la fuga de talentos en el país africano.
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