El mayor problema de la defensa aérea actual es el dinero. Y es que lanzar un misil de medio millón de euros para derribar un dron que cuesta apenas cientos de euros es una ruina que ningún ejército puede sostener a largo plazo.
Para solucionar esto, una startup ha propuesto una alternativa radicalmente distinta. Según información Información privilegiada sobre negociosNordic Air Defense ha desarrollado un interceptor tan pequeño y barato que podría fabricarse en masa para limpiar el cielo de amenazas.
Se trata del Kreuger-100XR, un dron que mide solo 30 centímetros y pesa medio kilo. Su objetivo es democratizar la seguridad aérea, y que en lugar de depender de pocos misiles caros, la idea es tener millas de interceptores baratos listos para actuar.
Un diseño simple para ganar velocidad.
A primera vista, el Kreuger-100XR parece más un juguete, qué armamento militar, pero Está fabricado en fibra de carbono y tiene un diseño estilizado.. La gran diferencia con otros drones interceptores es que no usa cuatro motores para flotar, sino una única hélice trasera.
Esta decisión de diseño es clave, porque al tener un solo motor y forma de misil, el dispositivo es mucho más rápido que un dron convencional, superando los 350 kilómetros por hora.
Al final, esto le permite perseguir y cazar objetivos que se mueven a gran velocidad, algo que los cuadricópteros comerciales suelen tener difícil. Además, sus alas plegables lo hacen aerodinámico y fácil de transportar, por lo que es ideal para los soldados en el campo de batalla.
La ventaja principal de este invento es puramente económica. Hoy en día, sistemas como el Stinger cuestan cerca de 450.000 euros por unidad. Gastar eso en un blanco menor es un error. Aunque la empresa no ha dado la cifra exacta, asegura que su interceptor cuesta solo unas pocas millas de dólares.
Este precio bajo permite cambiar la estrategia, porque si el enemigo ataca con un enjambre de cincuenta drones baratos, la defensa puede responder lanzando otros cincuenta interceptores sin arruinar el presupuesto. Es la única forma efectiva de combatir los enjambres de drones.
Portátil y con capacidad explosiva.
El sistema está pensado para que sea muy fácil de usar. Un soldado puede llevar varios de estos “mini-misiles” en una mochila normal y lanzarlos con la mano o con una catapulta. No hacen falta vehículos pesados ni instalaciones complejas.
Una vez en el aire, el aparato puede volar de forma autónoma durante 20 minutos buscando su objetivo con una cámara o siguiendo un puntero láser. Para derribar la amenaza, tiene dos opciones: chocar directamente contra ella a toda velocidad o detonar una pequeña carga explosiva.
Esta potencia es suficiente para inutilizar drones de ataque grandes, como los conocidos modelos Shahed. Lo curioso de este proyecto es que viene de una empresa con apenas 25 empleados y dos años de vida.
Mientras los gigantes de la defensa como Lockheed Martin o MBDA mueven millas de millones y tienen procesos lentos, estas startups están ofreciendo soluciones rápidas a problemas nuevos.
Europa empieza a darse cuenta de que la seguridad futura no depende solo de tener el misil más grande, sino de tener herramientas ágiles y baratas capaces de negar el control del cielo a los enjambres enemigos.
