Si bien el mercado cripto avanzó 8% en promedio el miércoles e ilusionó al mercado, este año acumula una tensión de fondo que va más allá de los precios: Bitcoin y Ethereum ya no son promesas especulativas, sino infraestructura consolidada. Y cuando un activo se logra esto, cambia la lógica de valoración: se deja de pagar expectativa futura y se empieza a exigir rendimiento estructural.
En 2025, la principal divisa digital marcó un máximo histórico cercano a los u$s126.000 antes de entrar en fase correctiva. El rally estuvo respaldado por fondos cotizados (ETF) consolidados, un mercado de derivados cada vez más profundo y una narrativa que ya no necesita explicación: reserva digital, activo estratégico y puerta de entrada institucional.
Esa condición genera un efecto gravitacional. Cuando el capital entra al mercado criptográfico, primero impacta en Bitcoin. Cuando sale, también. La dominancia no es solo técnica: es psicológica y de flujo. Por eso, históricamente, cada fase correctiva prolongada de BTC termina condicionando al resto de la pizarra, incluso a proyectos con fundamentos sólidos.
Ethereum juega un partido distinto. Su valor no depende únicamente de la narrativa monetaria, sino de la actividad económica real que ocurre dentro de su red: finanzas descentralizadas (DeFi), scking, soluciones de capa 2, tokenización de activos. ETH no es solo un activo escaso; es el combustible de un sistema financiero programable.
Tendencias del mercado cripto 2026: ¿Es posible el colapso de Ethereum?
Ethereum puede rendir más que Bitcoin, pero con condiciones. En ese punto aparece la posibilidad del desacople entre las dos divisas más capitalizadas del mercado.
Denise Cinelli, COO de Notbank by CryptoMarket, afirma a iProUP: “Ethereum tiene fundamentos propios que, en determinados momentos del ciclo, le permiten desacoplarse parcialmente de Bitcoin“.
“No sería la primera vez que ocurra: cuando el mercado comienza a valorar la utilidad real de la infraestructura blockchain – especialmente, en sectores como DeFi, tokenización de activos y soluciones de capa 2– tiende a ganar protagonismo por su rol como principal plataforma de desarrollo“, completo.
La clave no es automática: deben alinearse ciertas condiciones. “Para que veamos un desafío claro, debemos alinear tres factores: mayor actividad on-chain, crecimiento sostenido del ecosistema DeFi y NFT con impacto económico tangibley una narrativa de mercado que estrena la generación de valor más allá del reserva de valor que representa Bitcoin”, agrega Cinelli.
Ese matiz es central. Ethereum puede capturar crecimiento cuando el mercado deja de mirar solo la escasez digital y empieza a valorar infraestructura productiva. Si en 2026 el capital rota hacia protocolos que todavía no alcanzaron la saturación –especialmente en soluciones de escalabilidad y nuevas arquitecturas financieras construidas sobre la red– la demanda estructural de ETH puede fortalecerse incluso con un Bitcoin lateral.
Pero la historia impone límites. La gravitación de la divisa digital líder sigue siendo estructural. “BTC marca el pulso de la liquidez global cripto y concentra el interés institucional. Por eso, más que un désacople absoluto, lo más probable es un desacople relativo dentro de un ciclo alcista general”, señala Cinelli. Es decir, Ethereum puede rendir más, pero difícilmente escapar por completo del ciclo macro que marca BTC.
Mariquena Otermin, CMO de Bitwage advierte que el fenómeno no es nuevo: “Ethereum puede mostrar períodos de rendimiento superiores a Bitcoin, especialmente cuando el ecosistema DeFi y los desarrollos sobre su red ganan tracción real. Sin embargo, el desacople estructural todavía es difícil porque BTC sigue marcando el pulso del mercado como activo de referencia y reserva de valor dentro del ecosistema cripto”.
Ethereum: su impacto en el ecosistema financiero
El punto es que Ethereum necesita algo más que innovación técnica: requiere adopción medible. “Para que realmente sorprenda y se desacople, debería combinar mayor adopción institucional, crecimiento sostenido en uso de la red y un entorno de mercado favorable. Mientras la gravitación de Bitcoin sigue siendo dominante, es probable que Ethereum tenga repuntes propios, pero dentro de la tendencia general que marca BTC”, sostiene Otermin.
Así, el desacople absoluto luce improbable. La fijación estructural entre ambos activos está anclada en flujos y liquidez global. Pero un desacople relativo –en términos de performance y protagonismo sectorial– es posible si 2026 se convierte en un año de expansión en cadena y mayor apetito por riesgo.
De hecho, este desacople se puede notar en los pronósticos sobre ambas divisas, mucho más optimistas para Ethereum que para Bitcoin. Tom Lee, CEO de BitMine Immersion Technologies y de Fundstrat, cree que ambas divisas todavía pueden marcar récords históricos en 2026.
El ejecutivo lanza proyecciones que hoy suenan imposibles: Cree que Bitcoin puede terminar el año entre 200.000-250.000 dólares, mientras que Ethereum puede escalar entre u$s12.000 yu$s22.000. Es decir, un upside máximo de cuatro veces el precio actual para BTC y de hasta 10x para ETH. Lee es apodado el “Profeta de Wall Street” por haber acertado varios de sus pronósticos.
El banco Standard Chartered Reducción de sus escenarios hacia cifras más “realistas”, pero también considera un desafío: hasta u$s100.000 para Bitcoin yu$s4.000 para ETH. Es decir, se dispararían 50% y 100%, respectivamente.
Sin ir tan lejos, durante la suba del miércoles, Bitcoin avanzó un 7% en 24 horas, mientras que su rival superó el 11%. Si bien compartieron la tendencia, ETH logró mayor al revés.
Bitcoin ya es infraestructura consolidada. Ethereum aspira a ser la infraestructura económica del ecosistema. Si el mercado vuelve a premiar la innovación y la generación de valor dentro de la red, ETH puede ganar terreno. Si la liquidez global se contrae, la gravedad de BTC volverá a imponerse.
