Microsoft se encuentra en un momento un tanto extraño ya la vez complicado de toda su historia. Por primera vez en años, solo mantiene una versión viva de su sistema operativo estrella.
Windows 10 ya está totalmente muerto y Windows 11, que llegó en 2021, no termina de calar, los usuarios se abalanzan sobre ellos debido a la multitud de fallos y poco a poco se acercan a una fase en la que se esperan cambios de cara a 2026.
Ed Bott, periodista tecnológico y analista con más de 30 años siguiendo de cerca a Microsoft, lo tiene claro: Windows 12 llegará antes de lo que muchos esperan. Y no será una actualización especialmente agradable para todos. En sus propias palabras, será “molesto”.
Y no lo dice precisamente porque vaya a ser malo, sino porque obligará a muchos usuarios a cambiar hábitos, equipos y, probablemente, pagar más.
Para Bott, estas afirmaciones no vienen de rumores internos ni filtraciones, sino de un análisis a fondo que ha hecho de su historia. Tal y como explica, Microsoft es una empresa que tropieza, aprende y vuelve a intentarlo. Y muchas de las ideas que parecían enterradas podrían regresar con otro nombre y renovadas.
En este contexto, Windows 12 no sería una revolución en sí misma, sino una mezcla de decisiones que ya se vieron antes y que no gustaron demasiado… pero que ahora encajan mejor con la estrategia de la compañía.
Un Windows que requerirá que tu PC pueda soportar toda la IA que se avecina… sí o sí
Aquí llega uno de los puntos más controvertidos y que seguramente a muy pocos les guste. La inteligencia artificial ya no es un extra para Microsoft, se está convirtiendo en el centro de todo. Copilot está en el menú Inicio, en el Explorador, en Configuración y hasta en el Bloc de notas. Y eso tiene un precio.
Según Bott, Windows 12 requerirá ordenadores preparados para IA, es decir, equipos con NPU (unidad de procesamiento neuronal). También puedes esperar, por lo tanto, más memoria, más almacenamiento y chips más nuevos.
Lo que va a suceder seguro que a muchos les suena: lo mismo que pasó con Windows 11, pero multiplicado. Millones de PC perfectamente funcionales se quedarán fuera. De nuevo el motivo es el ya visto y no cumple los requisitos que Microsoft quiere imponer.
Además, Bott cree que Microsoft favorecerá los equipos ARM para usuarios domésticos, mientras que las empresas seguirán apostando por Intel y AMD..
Cuidado porque tus programas de siempre podrían dejar de funcionar
Otro cambio que no va a gustar a todos: las aplicaciones. Microsoft lleva años soñando con un Windows donde solo se instala software desde fuentes seguras.
La predicción de Bott es que Windows 12 Home solo permitirá instalar aplicaciones de repositorios oficiales. Si quieres instalar programas descargados de internet, necesitarás una versión superior… o pagar.
Esas aplicaciones, además, no se ejecutarían libres, sino dentro de contenedores o incluso en escritorios virtuales como Windows 365. Más seguridad, sí. Menos libertad, también.
Por último, vaticina que Windows seguirá viniendo preinstalado en los ordenadores, pero será una versión básica. Funciona, cumple y poco más. A partir de ahí, todo lo realmente superior tendrá coste.
Funciones avanzadas, control total del sistema, herramientas profesionales… todo eso podría llegar en forma de suscripción mensual. Algo parecido a Microsoft 365, pero aplicado al sistema operativo.
Es por esto que, explica, no sería raro ver precios de entre 10 y 20 dólares al mes, con Copilot incluido como gran reclamo.
Con todo esto, ¿Cuándo llegará Windows 12? Comenta que, en su opinión, en 2026, Windows 11 empezará a quedarse en el segundo plano. En 2027 llegarán las últimas actualizaciones importantes. Y a finales de ese año, Windows 12 verá la luz.
Por supuesto, nada es seguro y poco se conoce al respecto. Lo único claro, según Ed Bott, es que llegará antes de que los propios usuarios estén preparados o acostumbrados a todo lo que se avecina en Windows 11. Para él que no será un Windows cómodo. Será más seguro, más moderno y con mayor control, pero exigirá demasiado, será más caro y con menor flexibilidad.
